Cuánto de aquella estrella
irradian tus ojos,
cuánto de su polvo brillante
centellea en tu piel,
cuánto de ella
fluye en tu lágrima.
Cuanto más exploro tus pliegues
y más me pierdo en tu amada faz,
más se expande mi deseo
de aferrarme a su haz...
de luz.
Cuánto he de aguardar
a que mi invisible dance con tu invisible,
a la espera del clavel de sangre,
agazapados,
en el pasillo de las sombras.
¡Cuánta explosión de esperanza en la zozobra!
Hoy te confieso, mi ángel:
Desde que tu halo me ampara...
cuánto de todo me sobra.
Kauac Buluk ©

