Cuánto de aquella estrella
irradian tus ojos,
cuánto de su polvo brillante
centellea en tu piel,
cuánto de ella
fluye en tu lágrima.
Cuanto más exploro tus pliegues
y más me pierdo en tu amada faz,
más se expande mi deseo
de aferrarme a su haz...
de luz.
Cuánto he de aguardar
a que mi invisible dance con tu invisible,
a la espera del clavel de sangre,
agazapados,
en el pasillo de las sombras.
¡Cuánta explosión de esperanza en la zozobra!
Hoy te confieso, mi ángel:
Desde que tu halo me ampara...
cuánto de todo me sobra.
Kauac Buluk ©

Maravilloso Kauac, un abrazo!
ResponderEliminarGracias Rita por visitar mi blog y por esas palabras que tanto me motivan. Besos.
EliminarEl poema es muy bueno.
ResponderEliminarY los cierras muy bien con esos dos versos finales.
Saludos.
Muchas gracias por el comentario. Muy valiosas tus palabras.
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